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FRUCTOSA E HÍGADO GRASO: EL LADO AMARGO DEL AZÚCAR

Da lo mismo cómo se consuma: en terrones, en caramelos o en bebidas. Hay quienes no dudan en catalogarla como un veneno y como el principal responsable de las altas tasas de obesidad que existen en el mundo.

Desde niños, los seres humanos disfrutamos de los sabores dulces. Dulce es la leche materna y debe ser por eso que a los niños les gustan los caramelos y todo lo que se le parezca. El Dr. Robert Lustig, médico especialista en desórdenes hormonales y obesidad en los niños y miembro de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, Estados Unidos, ha realizado múltiples acciones de difusión de un concepto clave para la salud humana: que el azúcar es uno de los principales enemigos de la salud humana. El Dr. Lustig no trepida en calificarlo como un veneno, responsable de la obesidad y de miles de muertes asociadas con esa causa que ocurren cada año en el mundo.

En sus conferencias, seguidas por miles de personas, el Dr. Lustig acusa al incremento en el consumo de jarabe de maíz de alta fructosa –utilizado en la industria alimentaria para una infinidad de productos- registrado en los últimos años. Este jarabe vino a reemplazar por su menor costo a otros azúcares y mientras en la década del 70 el promedio de consumo anual por persona era en Estados Unidos de 225 gramos, a mediados de la primera década del siglo XXI este consumo se elevó a 25 kilos por persona en el mismo periodo. Ello coincide –sostiene Lustig- con el explosivo aumento de la obesidad.
En su opinión, el azúcar no es necesario para ninguna función o reacción del cuerpo humano. Por otra parte, el azúcar es un ingrediente que aumenta el almacenamiento de grasa en el cuerpo, pero no sacia el hambre. Por el contrario, engaña al cerebro haciéndole creer que tiene hambre.

El azúcar de mesa está compuesto en partes iguales por glucosa y fructosa, un componente que es casi dos veces más dulce. El jarabe de fructosa, en tanto, está formado por 55% de fructosa y el 45% de glucosa. Según Lustig, el problema está en la forma en que se procesan ambos componentes. Mientras la glucosa puede ser metabolizada por cualquier órgano, la fructosa sólo lo es por el hígado. En consecuencia, el consumo de azúcar y especialmente el aditivo de jarabe recargan el trabajo del hígado, especialmente si está incluida en bebidas, jugos u otros alimentos líquidos dado que llega al órgano mucho más rápido.

En sus investigaciones, Lustig probó que si la fructosa llega al hígado en cantidad y velocidad suficientes, este órgano la convierte casi en su totalidad en grasa lo que induce la resistencia a la insulina. Y cuando las células se vuelven resistentes a esta hormona, el páncreas –que es el órgano encargado de producirla- intenta regular los niveles de azúcar produciendo más y más de esta hormona con lo que consigue que el organismo acumule cada vez más grasa. Como si ello fuera poco, bloquea también la acción de otra hormona, llamada leptina, que se traduce en una permanente sensación de hambre. Además, niveles altos de insulina elevan la presión arterial y redicen el colesterol bueno en la sangre lo que da origen a una condición llamada “síndrome metabólico”, una de las principales causas de la obesidad. El resultado de este proceso es también un hígado graso. Es decir, el azúcar provoca en el hígado el mismo daño que el consumo de alcohol. Los pacientes con Hígado graso deben evitar o reducir drásticamente el consumo de azúcar ya que està comprobado que el consumo de fructosa se asocia a mayor frecuencia de esta condición así como de su severidad.

RECOMENDACIONES PARA REDUCIR EL CONSUMO DE FRUCTOSA

•  Erradique de su hogar las bebidas azucaradas.

•  Incentive en sus hijos el consumo de carbohidratos ricos en fibra porque ayudan a limitar la absorción del azúcar.

•  No agregue azúcar al té, café, jugo o frutas.

•  Restrinja el consumo de kétchup y aderezos artificiales que están endulzados con fructosa

•  Restrinja al mínimo el consumo de pasteles o golosinas endulzadas con azúcar.

•  Aumente la práctica de ejercicio. La actividad física acelera el ciclo del ácido cítrico, un proceso metabólico que desintoxica al cuerpo de la fructosa y hace que los músculos sean más sensibles a la insulina y bajen los niveles de esta hormona en la sangre.

 

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